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México, rehén de la incertidumbre y los caprichos políticos
Tuesday July 11th 2006, 1:55 am
Filed under: Política

Yo no sé en que va a parar esto. Después de meses y meses (y meses y meses…) de campaña electoral sucia, puerca, cochina e infinitamente costosa para las arcas de nuestro país, el 2 de Julio la gente votó, y votó por millones, todo para que al día de hoy 11 de Julio existan dos puntos de vista irreconciliables acerca de quién es el ganador de las elecciones presidenciales.

Por un lado el punto de vista institucional (que dicho sea de paso y en circunstancias ideales, debería ser el único) que nos dice que el ganador fue el que según todos los métodos y estándares acordados, tuvo el mayor número de votos a su favor.

Por otro lado, el punto de vista de la oposición al sistema que pretende argumentar que los resultados oficiales deben ser invalidados por supuestas acciones fraudulentas ejercidas desde un ente abstracto y todopoderoso llamado Estado, al parecer capaz de idear, coordinar y ejecutar uno de los fraudes más grandes y precisos que se pueda recordar en nuestro país (de ser cierto y tratándose de éste gobierno, vaya que me sorprendería).

El problema radica en que la estabilidad económica y social de nuestro país está siendo rehén de los caprichos de un grupo de personas que, como casi todos los políticos de izquierda, derecha, arriba o abajo, están sedientas de poder y sólo de poder. Y es que López Obrador y su gente ya la vieron muy cerca y la trabajaron durante mucho tiempo como para dejarla ir así nada más. La posibilidad de perder estas elecciones presidenciales no estaba contemplada para éste equipo; es por ésto que desde el primer momento en que comenzaron a surgir indicios de la derrota, la refutación vino de inmediato y sin contar con más argumentos que la voluntad de los personajes.

Simplemente hay que analizar la secuencia de hechos y refutaciones que han habido para poder apreciar un poco más el sustento de todas éstas impugnaciones.

El mismísimo día 2 de Julio en la noche, justo unos minútos después de que Luis Carlos Ugalde, presidente del IFE, saliera en cadena nacional a decir que los resultados preliminares del PREP no eran suficientemente contundentes para determinar quién era el ganador, López Obrador salió a dar un mensaje en el cual se declaraba ganador (por obra y gracia del Espíritu Santo), sustentándose en unas dichosas encuestas que su equipo había mandado a hacer que le daban el triunfo por más de 5oo,ooo votos(!), refutando así el avance del PREP que lo ponía debajo de Calderón por lo menos por 1 punto porcentual. Lo interesante aquí no es que se declarara ganador de la contienda, cuestión que era perfectamente lógica y esperada, sino lo que vino después: en su discurso, el candidato del PRD dijo que todos sus conteos rápidos lo habían dado como ganador y por lo tanto iba a exigir al IFE que “respeten nuestros resultados”. Al escuchar éstas palabras me quedó clarísimo que fuera el que fuera el resultado oficial, iban a haber impugnaciones si éste no favorecía a López Obrador, quien a estas alturas se basaba en sus “conteos rápidos” para desafiar la validez del todavía ni comenzado conteo real, único y oficial.

Pasaron las horas y sucedió lo que ya se esperaba, el conteo del PREP anticipaba que los resultados favorecían a Calderón por una diferencia que, si bien era pequeña en términos porcentuales, era bastante dificil de remontar por medio de irregularidades en el conteo de actas. Sin embargo en este punto, las apuestas del equipo de López Obrador se basaron en hacer creer a la gente que el PREP había estado plagado de errores y que en el conteo acta por acta se vería que los resultados favorecían a su candidato. Hasta este momento todavía no existían descalificaciones al sistema electoral como tal, sino sólamente al sistema anticipado de conteo. Otra importante cuestión que puede notarse aqui es que hasta éste momento no tenían ni un sólo argumento que sustentara una posibilidad de fraude, ya que su intención de hacer creer que el PREP estaba mal no estaba fundada en la realidad por que ellos ya tenían todas las actas y podían haberlas contado (y seguro lo hicieron) con lo que se hubieran dado cuenta fácilmente que los resultados no variaban significativamente en ninguna dirección.

Pasaron más horas y con pocas sorpresas concluyó el contéo acta por acta. El resultado de éste no solo confirmó la ventaja de Calderón, sino que confirmó que en caso de que las elecciones hayan sido un fraude, son uno de los fraudes más matemáticamente correctos que han habido ya que los números empataban con mucha precisión en cada cotejo que se hacía hasta el momento.

De pronto en éste punto del proceso la consigna cambió. Lo que para muchos validaba la apretada pero clara victoria de Calderón, para el equipo de López Obrador aclaraba el panorama de fraude. Y es que la lógica era y sigue siendo muy simple: cómo es posible que un candidato que hizo por lo menos 2 años de campaña, cuyo discurso se basó en el apoyo a los pobres y super pobres (de los cuales hay lamentablemente por lo menos 40 millones en nuestro país) y con un carisma reconocido por las masas, perdiera la elección presidencial contra el candidato “oficial” de un gobierno de decepción y desencanto popular. La discusión de las posibles razones de ésto serán materia para otro artículo completo por separado, pero baste aquí decir que los candidatos se deben apegar a los resultados que dictan los métodos especificados por la ley y si es necesario impugnarlos basados en pruebas y argumentos reales y no solamente en aceveraciones engañosas que sólo toman por sorpresa a los más desprotegidos y desinformados.

En fin, en este punto del proceso yo no veo muchas posibilidades para el desenlace de estos comicios. Basicamente hay dos: o se ratifica a Felipe Calderón como presidente electo del país (yo apostaría por ésto), o se marca la nulidad de los comicios. No veo posibilidad realista de que el resultado se invierta para favorecer a López Obrador.

Esto es simple, hasta ahora el aparato electoral del país se ha movido todo en una dirección y ha sido lo más transparente posible en cada etapa (hasta donde permite la coyuntura y las circunstancias existentes en el país) con lo que el paso natural ante la ausencia de pruebas y/o argumentos reales y determinantes de fraude, sería ratificar los resultados dados a conocer por el IFE y así aclarar que cada uno de los pasos del proceso electoral fué limpio, tan limpio que no queda lugar a dudas tras la impugnación. En caso contrario, y haciendo un alarde de imparcialidad y democracia, el TRIFE podría anular las elecciones o a llamar al conteo voto por voto (cuestión que no le conviene a nadie por la incertidumbre prolongada que generaría, y mucho menos al PRD, porque se deben de dar cuenta que sus posibilidades reales de ganar en el conteo voto por voto son microscópicas a menos que haya habido un mega fallo en el mega fraude que plantean). La posibilidad de que el resultado se invierta es por mucho la más remota ya que quitaría toda credibilidad al proceso como un todo y exigiría ante la opinión pública la anulación del mismo.

En éste panorama en que la balanza se inclina a la validación de los resultados ya conocidos, y que ésto practicamente implica la movilización social del partido de izquierda, la pregunta que queda en el aire es ¿Cuando va a aceptar López Obrador los resultados del TRIFE, si estos no lo favorecen? Y en la respuesta a esta pregunta está el futuro político del mismo López y del PRD, ya que si saben elegir el momento de la aceptación de la derrota con sabiduría, ganarían unos puntos políticos inmensos para las próximas elecciones, pero si no, además de que el partido podría quedar marcado negativamente por la imágen rádical que generaría, la estabilidad y el futuro a corto plazo de nuestro país se vería arriesgado por lo que podría ser el capricho de unos cuantos.


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