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Como mexicano ya estoy harto. No se ustedes, pero de verdad yo ya llegué al límite de la tolerancia. Ya cualquiera hace lo que se le pega la gana en éste país. No importa si afectas a uno, a unos, a muchos o a todos; si tienes una buena excusa política o pseudo social y un buen patrocinio, puedes hacer lo que se te pegue la gana y eso si, que nadie te detenga porque entonces es represión y que venga la de Derechos Humanos.
Cierras calles, haces marchas, vandalizas monumentos, destruyes propiedad privada, criminalizas a la sociedad, afectas a comerciantes, amenazas y violentas a particulares y andas tan campante por la calle. Y si te quieren agarrar… ¡REPRESIÓN!, y que venga Derechos Humanos.
¿Derechos Humanos? En mi pobre español yo entendía éste concepto como el derecho de toda persona a vivir una vida tranquila, con sus necesidades y satisfactores básicos cubiertos y con seguridad de que ni su persona ni su propiedad serán violentadas, sino protegidas. Entonces me pregunto: ¿qué caramba tiene que ver este concepto con el derecho de “manifestarse” afectando de innumerables maneras a las mayorías?
No quiero decir con esto que no hay manifestaciones legítimas ni que hay que “reprimir” toda manifestación. No, no, no. El problema es que hemos llegado a un punto donde cada quién jala para su molino y los “radicales” de las manifestaciones son los que más acaparan la atención de las cámaras y por tanto suelen obtener algún tipo de respuesta para sus exigencias. La cuestión aquí es que los “radicales” son la parte minoritaria de la población y cuando obtienen resultados de ésta actitud, mandan un mensaje muy claro a las mayorías: si quieres obtener resultados, radicalízate.
Cuando AMLO cerró Paseo de la Reforma, asfixiando la Ciudad de México, todos los reflectores estaban puestos en su exigencia, y vaya que logro hacer cimbrar aunque sea mediaticamente las bases institucionales del país. En ese momento, el gobierno perredista de la ciudad presumió su “humanidad” diciendo que ellos no habrían de reprimir la manifestación pública, sino por el contrario la apoyarían. Detalle curioso, que cuando el mensaje llegó a unos estudiantes preparatorianos enojados por no haber alcanzado un espacio en la UNAM y ellos quisieron hacer lo mismo bloqueando avenida Insurgentes, ahi si ya no, dos bloqueos ya era mucho y disolvieron su manifestación. De esto podemos sacar dos conclusiones, la primera, que el mensaje de la radicalización se está esparciendo rapidamente entre algunos sectores de la población, y la segunda, que la “humanidad” y la aplicación de la ley en este país (y en particular en la Ciudad de México) no miden a todas las personas con la misma vara.
Luego lo de Oaxaca. Entre la falta de carácter del gobierno saliente y el hecho de que estuvo politicamente maniatado tanto por los medios como por sus opositores políticos, este conflicto nacio, creció, creció y creció y nadie hizo nada. Tuvieron que haber muertos (y varios, y sobre todo el periodista extranjero) para que el gobierno encontrara la excusa perfecta y mandara a las fuerzas federales a reestablecer el órden. Seguramente si hubieran sabido que la APPO no era tan ruda y que el operativo iba a resultar tan limpio lo hubieran hecho antes, pero la cuestión es que no lo hicieron y el conflicto permanece. Todavía se oyen en los medios voces que dicen que la caída de Ulises Ruiz es el inicio de la solución… ¿cuál solución? si bien claro lo dijo el lider de la APPO hace unos meses: este es el comienzo de una revuelta nacional. ¿No que Ulises era el problema?
Por último el showcito circense que están protagonizando los “diputados” en San Lázaro. Verdad de Dios que si algo me molesta es la hipocrecía. El PRD lleva semanas anunciando (no, vociferando) que van a impedir la toma de protesta de Calderón a toda costa, esto, dicen los que saben, con el fin macabro de argumentar que según la Constitución si el Presidente no toma protesta ante el Congreso, pierde sus atribuciones y se tiene que proceder a nombrar un Presidente Interino. Lo que más me molesta no es que lo intenten, sino que dan el golpe y esconden la mano. Se han quejado por todos los medios de que el operativo de seguridad en San Lázaro es “excesivo” y que “afecta a la población que vive en la zona”. ¿Acaso alguno de ellos se preocupó por la población que vivía en la zona de Reforma cuando el Peje hizo su camping? ¿No será que quieren que la seguridad se disminuya para que todos los grupos radicales que tienen afiliados los apoyen desde afuera a impedir la toma de protesta? Así mismo dicen que el Estado Mayor no debe entrar a San Lázaro para la toma de posesión. Ok, entonces ahora significa que el fuero Constitucional del que gozan ampara que agarren a patadas al Presidente. Ya sólo eso nos falta…
En fin, el punto es que ahora que entra el nuevo gobierno de Calderón es momento de que se aplique la mano firme, pero no sólo contra los manifestantes legítimos o no, es hora de que se aplique la mano firme contra los funcionarios que no hacen su trabajo y que obligan a que las causas legítimas se radicalicen para obtener resultados, es hora de que de aplique la mano firme contra las corruptelas gubernamentales que dificultan el desarrollo económico y social de las personas de bien, es hora de que se aplique la mano firme contra las autoridades que tienen nexos o amparan a la delincuencia y, por supuesto, contra los mismos delincuentes, pero también es hora de que se aplique la mano firme contra los grupos violentos y radicales que tienen secuestrado al país, y si, que entonces venga Derechos Humanos pero a protegernos a los demás, a los otros noventa y tantos millones de mexicanos que vamos a trabajar ya sea en una oficina de lujo, en una fábrica o en el hogar, con los objetivos únicos de mejorar nuestra situación y hacer de éste un mejor país para nosotros y nuestros seres queridos.
Yo a Calderón le doy el beneficio de la duda por dos razones, la primera, porque lo veo mas “abuzado” que lo que hemos tenido ultimamente, y la segunda, porque es el Presidente que tenemos y no otro, y no hacerlo sería ir en contra del interés de la Nación. Eso si, si falla, la mano firme del pueblo también debe responder.